Sí Se Puede

Nota

Perder a una madre a los 16 años de edad, hacerse cargo de los hermanos menores y sacar a una familia adelante, no es fácil, pues además de ser un panorama inimaginable en la mente de una adolescente, es un cambio de 180 grados para cualquiera.

La vida de Karen Mimbela cambió cuando su madre enfermó de cáncer, el verla postrada en cama, con poco cabello y un semblante desfavorecedor hizo que ella, a pesar de su corta edad, tomara fuerzas para empujar a sus dos hermanos menores, Javier y, el más pequeño, Sebastián.

“Para nosotros como familia fue muy difícil, en ese momento, hace ya casi 7 años, mi hermanito tenía 8 y en ese tiempo no comprendía que nuestra madre ya no estaba.”, dice con la voz entrecortada al recordar los años de lucha.

Quienes conocen de cerca a la familia, perciben el gran amor que hay dentro de ella, pues su lucha los hizo convertirse en personas de corazones gigantes que enseñan a otros a amar incondicionalmente, “luchar siempre es más fácil cuando se tiene al prójimo para ayudar”, forma parte de su lema familiar.

A pesar de las adversidades que la vida le ha dado a Karen, su tenacidad y perseverancia la ha hecho alcanzar sus sueños; actualmente la joven se encuentra realizando su servicio en Pensiones Civiles del Estado, pues como pasante de enfermería explica que no hay profesión más noble que aquella que ayuda al prójimo.

“Quise estudiar enfermería porque quiero ayudar a las personas en situaciones parecidas a las de mi madre, además de ser una profesión muy noble y humana, puedo acompañarlas en su difícil camino.”, dice Karen.

Parte de su lucha fue venirse sin su familia a la capital del estado, ya que para cumplir sus sueños académicos y convertirse en una enfermera tuvo que dejar su natal Delicias para seguir adelante.

Ya son siete años desde que su madre, Rosa, partió, dejando una huella muy grande en sus hijos. Sin embargo, Karen explica que esa marca le ha servido como empuje para ayudar a las personas enfermas de cáncer. “A veces veo que gente joven, que está pasando por esta lamentable situación, se deja vencer y es ahí cuando comienza mi trabajo; hablo con ellas, las ayudo en su camino y les cuento mi situación, les explico que si alguien ya mayor, que ya había vivido su vida, no se rindió jamás, ellos con mayor razón pueden lograrlo.”, asegura la enfermera.

Aunque su camino como profesionista apenas comienza, Karen está determinada a ayudar al prójimo, a ser una guía y, sobre todo, a predicar con el ejemplo, pues no hay nadie que le pueda decir que no se puede, porque es prueba que con determinación sí se puede.