Información

Nota

En la historia podemos identificar tres grandes revoluciones: la de la agricultura, la industrial y la de la información. La primera nos permitió dominar principalmente la materia, pasando de ser nómadas a sedentarios. La segunda nos permitió dominar la energía, promoviendo migraciones hacia las ciudades. La tercera, como su nombre lo indica, nos está permitiendo dominar la información.

Vemos que la información permea nuestro mundo globalizado. Y esto es en parte porque la información nos permite tomar mejores decisiones, tanto a individuos como a empresas, organizaciones y gobiernos. El hecho de que las ciencias cognitivas sean tan recientes como las computadoras no es coincidencia. No teníamos antes las herramientas apropiadas para procesar, almacenar y transmitir información comparable con la que procesamos, almacenamos y transmitimos cotidianamente como individuos. En algunos casos específicos, la inteligencia artificial ha producido sistemas con un mejor desempeño que el humano. Sin embargo, la tecnología de la información, más que reemplazarnos, nos complementa.

Un ejemplo temprano fue el sistema Cybersyn, desarrollado en Chile en 1971-73. Usando telex (abuelitos del fax), había comunicación "en tiempo real" entre Santiago y el resto del país, como si fuese un "sistema nervioso". Esto permitió al gobierno de Salvador Allende resistir una huelga de transportistas y abastecer al país con tan sólo 50 choferes, ya que sabían en dónde había oferta y demanda de productos. Allende quería un sistema de retroalimentación, para que mientras diese un discurso en TV, los ciudadanos pudiesen opinar desde casa. No vivió para ver Twitter. En 1973, el golpe militar terminó con los sueños cibernéticos chilenos.

Muchos países han adoptado distintas tecnologías para mejorar sus gobiernos. Participación ciudadana, datos abiertos, trámites remotos, expedientes médicos digitales, educación y hasta residencia electrónica (hay en Estonia, para poder crear una empresa basada en Europa de manera remota): todos estos servicios son posibles gracias a las tecnologías de la información. Países como India, Kenia y otros las han aprovechado para impulsar su desarrollo socioeconómico.

En México no estamos tan mal, pero hay mucho que se puede mejorar. El INEGI tiene una amplia variedad de datos disponibles, los cuales son bastante útiles. No obstante, se podría invertir más para que almacene, procese y analice muchos más datos. Esto podría traducirse en recomendaciones para ejercer acciones mucho más ágiles ante las situaciones y cambios detectados. Vemos con la pandemia que la velocidad del procesamiento de nuestra información es mucho más lento del necesario. En CDMX, la ADIP ha puesto un buen ejemplo en el manejo de la información y sus estándares para coordinar diversos servicios digitales. Hay otros esfuerzos en el resto del país, pero necesitamos una institución que pueda coordinar la información de todas las dependencias federales, estatales y municipales.

A pesar de que cada dos años se duplican los datos que nuestra especie ha producido a nivel global, los datos no lo son todo. Conviene distinguir datos (un patrón arbitrario), de información (datos con significado), de conocimiento (información útil, que permite hacer algo), de sabiduría (conocimiento efectivo). Para pasar de datos a información, hay que darles significado, lo cual no es trivial. Para esto, se requieren algoritmos que procesen los datos. Es sólo la información la que ayudará en la toma de decisiones. Pero aunque podamos decidir algo, si no tenemos los mecanismos para actuar, la información no será muy útil. Necesitamos poder intervenir o inducir cambios en el comportamiento y en el entorno para que las decisiones tengan efecto. Todo este proceso cognitivo lo hemos hecho individualmente, ahora también en niveles colectivos.

Este potencial trae varios riesgos. Hay una paradoja: mientras más datos tenemos, su calidad tiende a ser menor, lo que puede llevar a engañarnos con las estadísticas. Otro riesgo es el de la privacidad. ¿Qué pasa si mis datos personales caen en malas manos? ¿Cómo evitarlo? Es una constante carrera de armas. Hay huecos éticos y legales que deben subsanarse.

¿Quiénes se beneficiarán? ¿Individuos, empresas o gobiernos? Idealmente, todos.

@cgg_mx